En esta oportunidad trataremos de aportar algunas ideas para aquellos que tienen la obligación de gobernar y legislar en las grandes ciudades. Hoy en día, dos de las temáticas que concentran la atención de los centros urbanos están relacionadas con el cuidado del medio ambiente y el descongestionamiento del tráfico vehicular.
Los hechos que se suceden en todo el mundo nos muestran la importancia de la planificación estatal en las más diversas áreas. Una medida que se repite a menudo en las localidades de mayor tamaño y desarrollo, es la adopción de programas tendientes a la conversión del parque automotor a combustibles alternativos como el Gas Natural Comprimido (GNC).
El último ejemplo en este sentido lo ha dado la administración municipal de Bogotá, quien ha resuelto premiar a los vehículos que utilicen el carburante gaseoso, dejándolos exentos del sistema que limita la circulación de automóviles denominado “Pico y Placa”. A través de este sistema, distintas ciudades colombianas ordenan el tráfico vehicular, impidiendo la utilización de algunos automotores según los números en que terminen sus patentes, durante un período de tiempo establecido.
De acuerdo a las autoridades locales, las emisiones de monóxido de carbono de las unidades propulsadas por gas natural son aproximadamente un 70% menores, las de hidrocarburos un 89%, y las de óxidos de nitrógeno son 87% más bajas que las producidas por un vehículo abastecido por diesel o gasolina. Estas características amigables con respecto al medio ambiente resultaron fundamentales para que Bogotá decida promover el GNC en su transporte, diferenciándolo del resto de los combustibles vigentes y exceptuándolo del plan “Pico y Placa”.
En nuestro país existen muchísimas ciudades importantes con un amplio grado de desarrollo, aún así cuesta encontrar planes oficiales que exhiban un claro interés por solucionar los problemas que aquejan a sus habitantes en estos temas. Sin embargo, la falta de responsabilidad también alcanza a sectores privados del transporte que evitan cualquier inversión y recurren permanentemente al subsidio seguro.
Para implementar buenas ideas no hacen falta grandes atribuciones ni anuncios faraónicos, solamente esfuerzo y voluntad política. Nuestros legisladores también deberían trabajar arduamente en la búsqueda de alternativas que mejoren la calidad del aire que respiramos diariamente, a la vez que ordenen el caótico tránsito porteño. No es difícil. Sólo basta con mirar lo que sucede en otras ciudades alrededor del mundo, incluso en el propio subcontinente, donde las respectivas administraciones municipales intentan combatir ambos flagelos con medidas prácticas e innovadoras. |