OPINION
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¿Cuál es la alternativa?

   Las motivaciones para una política europea centrada en combustibles alternativos y limpios para el transporte - y aún carburantes tradicionales pero menos contaminantes - se han basado en preocupaciones de primer orden sobre la seguridad energética, protección ambiental, la mitigación del cambio climático y la eficiencia energética. La Unión Europea (UE) quiere depender menos del petróleo importado y más sobre fuentes de energía sostenibles y renovables para el transporte. Cada vez se están impulsando más estrictas regulaciones de emisiones y otras políticas respecto a la polución vehicular. Las preocupaciones acerca del calentamiento global han resultado en que el C02 sea añadido a la lista de emisiones reguladas.

   La gama de los combustibles alternativos no derivados del petróleo (o "portadores de energía") ha sido más o menos identificada, en primera instancia, como los biocombustibles líquidos como el etanol y el biodiesel. En segundo lugar, aparecen los combustibles gaseosos como el hidrógeno y el gas natural (gas comprimido, gas natural licuado, biogás convertido en biometano) y el gas licuado de petróleo (GLP). La otra opción es la electricidad, que puede ser utilizada en los vehículos híbridos a través de distintas estrategias técnicas y "respaldo" de combustibles (a menudo de gasolina) o "puros eléctrico" plug-ins que dependen de baterías de almacenamiento de energía.

   Aquellos encargados de la formulación de políticas (y el público en general) deben, por ahora, tomar conciencia que estas tecnologías no son "balas de plata" ni ninguna panacea. Cada alternativa tiene sus aspectos positivos y desafíos. Todas las tecnologías vehiculares son más costosas que sus contrapartes basadas en la gasolina y se ven afectadas por la preocupación por el almacenamiento de combustible (y, por lo tanto, la gama de vehículos). Todas ellas tienen la necesidad de modificar o desarrollar una infraestructura de abastecimiento de apoyo. Sólo el gas licuado de petróleo y el gas natural son más económicos que el petróleo.

   La pregunta clave es: ¿puede la UE desarrollar una política de combustibles equilibrada, sostenible y eficaz (con resultados mensurables) que cumpla con los objetivos de seguridad energética y el compromiso con la protección del medio ambiente?

   Desde comienzos de 1980, los combustibles alternativos "favoritos" han cambiado significativamente ya que los responsables políticos y técnicos pretendieron encontrar la "bala de plata". La década de 1980 fue testigo de la intensa emoción e importante financiación para los vehículos de batería eléctrica. La panacea de las celdas de combustible que funcionan con hidrógeno a partir de la electricidad renovable, que emite sólo agua, fue el foco principal de un financiamiento sin precedentes de la UE, Estados Unidos y Japón en todo el decenio de 1990 y, aunque ahora más moderado, sigue siendo popular para el otorgamiento de los fondos gubernamentales. Los vehículos híbridos están ganando popularidad en los albores del siglo 21, a pesar de que antes del éxito inicial de mercado del Toyota Prius, la mayoría de los fabricantes de automóviles los veían como demasiado complicados y caros.

   Los biocombustibles líquidos renovables - etanol y biodiésel – concitaron gran atención con el apoyo de la industria agraria para producir aditivos de combustibles de petróleo. Aunque los líquidos son más compatibles con el estado-quo del petróleo que los carburantes gaseosos o eléctricos, las preguntas sobre la "sostenibilidad" (tales como sus efectos sobre el equilibrio de la cadena alimentaria, impacto en el uso de la tierra, el potencial de la oferta, la economía) pueden reducir los subsidios financieros a largo plazo y los objetivos para reemplazar la gasolina.

   El GLP, gas natural y bio-metano renovable siguen haciendo constantes avances en el sector del transporte mundial, pero en Europa históricamente han sufrido la falta de financiación de la UE y de apoyo político sustantivo, a pesar de su adecuación a las metas de seguridad energética y cuidado del medio ambiente.

   Una vez que el nuevo parlamento y la Comisión ganen impulso, existen nuevas iniciativas políticas en materia de energía y medio ambiente que proporcionan la oportunidad de lograr un mayor equilibrio europeo para los combustibles alternativos. Éstas incluyen, pero no se limitan a: una segunda estrategia energética (basándose en el paquete sobre energía y clima); una directiva de eficiencia energética, que probablemente incluirá un componente de transporte; el desarrollo continuo de una estrategia para los gases de efecto invernadero del transporte en la UE hacia el año 2050; iniciativas impositivas para el combustible; una nueva directiva de bio-residuos; y un marco sostenible para las ciudades.

   Los protagonistas de la industria de combustibles alternativos deben ser socios para asegurar que se generen políticas eficaces y bien equilibradas. La creación de buenos incentivos debería ofrecer buenas oportunidades para todas las alternativas. En última instancia, sin embargo, los consumidores del sector privado y público serán quienes decidan cuál de las alternativas de combustible será mejor para ellos.

                                           

Por Dr. Jeffrey M. Seisler, CEO, Clean Fuels Consulting.

EU Parliament Magazine – 7 de Septiembre de 2009
     
 





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