En 2010 Portugal importó 15 millones de toneladas de petróleo, por las cuales tuvo que pagar 6.7 millones de euros. Este número corresponde al 12% del total de las importaciones y cerca de un tercio del déficit comercial portugués. Es preciso reducir este gasto anual.
Los balances energéticos de
la Dirección General de Geología y Energía (DG-GE) muestran que el 53% de las importaciones de petróleo son utilizadas en el sector del transporte y el resto en todas las demás actividades. Por otro lado, los precios del barril de Brent se mantienen en tres dígitos y los aumentos son inexorables. Asimismo, no sirve de nada reclamar una reducción de la carga fiscal y/o subsidios a los combustibles porque es impensable que el Gobierno prescinda de esta fuente de ingresos. Las perturbaciones verificadas este año entre las empresas de transporte fueron un gesto de desesperación inconsecuente.
La solución, por lo tanto, consiste en reducir rápidamente la factura petrolera del país. Actualmente, el único combustible que puede sustituir a los refinados del petróleo en la escala necesaria es el gas natural. El gas natural comprimido (GNC) o licuado (GNL) es una tecnología madura y aplicable al transporte. Hoy existen más de 13 millones de vehículos a gas natural circulando por el mundo, número que aumenta todos los años.
Es extraña la pasividad de los operadores económicos en relación a la solución que ofrece el gas natural vehicular (GNV). Es el caso, por ejemplo, de las empresas de transporte de mercaderías. Las buenas experiencias con el uso del GNV ya existentes en Portugal no se han extendido a este sector en particular. Sin embargo, es posible y económicamente viable introducir el gas natural en los camiones pesados, inclusive en aquellos de larga distancia. El parque nacional de camiones es responsable del 32% del total del diesel vehicular consumido en el país.
Para eso, basta con solucionar el atraso portugués en materia de estaciones de servicio de GNC y GNL. En este momento existen apenas cinco estaciones en Portugal, mientras España cuenta con 43, Alemania 900, Italia 831, Suecia 169, Suiza 123 y Austria 221. La instalación de una red de estaciones de GNC para uso público (y unas pocas de GNL) dinamizaría el sector privado y crearía empleos, prácticamente sin gastos para el Estado. El financiamiento debería ser incluido en el Cuadro de Referencia Estratégico Nacional (QREN). La transformación de un motor diesel, convertido a combustible dual, tiene un costo modesto y está al alcance de las empresas de transporte. Sin embargo, se puede decir que sería reemplazar un combustible importado como el diesel, por otro también importado como el gas natural. La respuesta para este argumento es que tal sustitución significa una reducción drástica de costos. Entre 2002 y 2010 el costo de las importaciones portuguesas de petróleo aumentaron un 153% (en Euros/t), y las de gas natural se incrementaron apenas un 72% (en Euros/m3). Además, hay que recordar que el gas natural podrá ser producido en Portugal como biometano (el mejoramiento del biogás), y aún hay reservas de gas offshore en el país que algún día serán explotadas.
El Gobierno tiene márgenes de acción limitados por los compromisos con la “troica”. No obstante, este proyecto se encuentra dentro de ese margen. Además del beneficio para la economía y el medio ambiente, resolvería los graves problemas que sufre el sector del transporte. Ya es tiempo que Portugal abandone proyectos megalómanos y se ocupe de iniciativas factibles y basadas en la realidad.
Por Jorge F. G. de Figueiredo, Vicepresidente de
la Asociación Portuguesa del Gas Natural Vehicular.
Expresso
27 de Agosto de 2011 |