22 de Febrero de 2026. La continua dependencia de Europa de los combustibles fósiles importados sigue siendo una vulnerabilidad estratégica crítica, que expone a la industria a la volatilidad de los precios y a las interrupciones del suministro. Reducir esta dependencia mediante el aumento de sus propias fuentes de energía sostenibles es esencial para fortalecer la resiliencia económica, salvaguardar el liderazgo industrial a largo plazo y mantener el rumbo hacia el cumplimiento de los objetivos climáticos.
Esta vulnerabilidad es estructural. En 2024, la UE importó el 90% de su consumo de gas, lo que pone de relieve una profunda dependencia de proveedores externos que afecta directamente tanto a la seguridad energética como a la competitividad industrial. Por lo tanto, fortalecer la independencia energética mediante soluciones nacionales y sostenibles, como el biometano, debe convertirse en una prioridad estratégica para la economía europea.
En este contexto, el contexto geopolítico y económico actual ha incrementado aún más los precios de la energía para los principales fabricantes industriales de Europa, ejerciendo una presión creciente sobre la base industrial del continente. En una reunión reciente en Amberes, destacados ejecutivos del sector advirtieron que la persistencia de los altos costes energéticos está erosionando la competitividad y acelerando la fuga de inversiones. Sin embargo, la competitividad de Europa no puede restaurarse debilitando sus políticas emblemáticas. Por el contrario, debe basarse en la seguridad energética, el liderazgo climático, la certidumbre regulatoria y el rápido despliegue de soluciones renovables competitivas.
Este debate ha cobrado gran relevancia con la reciente propuesta de la Comisión Europea de introducir una exención al Mecanismo de Ajuste en Frontera de las Emisiones de Carbono (CBAM) a través del Artículo 27. La propuesta ha suscitado serias preocupaciones entre los actores industriales europeos que ya invierten en ambiciosas vías de descarbonización.
El CBAM desempeña un papel crucial en la prevención de la fuga de carbono y en la garantía de igualdad de condiciones para la industria de la UE en su transición hacia una producción baja en carbono. La introducción de exenciones corre el riesgo de debilitar los incentivos para la descarbonización y generar incertidumbre en las decisiones de inversión en un momento en que la estabilidad y la previsibilidad son esenciales.
En particular, las propuestas de varios Estados miembros de eximir a los fertilizantes del CBAM socavarían la finalidad del instrumento. Esto es especialmente preocupante dado que la producción sostenible de biogás ya puede proporcionar fertilizantes orgánicos a los agricultores europeos si el digestato, como coproducto de este proceso de producción, se valoriza adecuadamente. Hoy en día, el sector genera alrededor de 25 millones de toneladas de digestato al año.
En vista de esto, la Asociación Europea de Biogás (EBA) aboga por una implementación acelerada del biogás como motor de la energía renovable producida en Europa. En la UE-27, el biogás ya representa alrededor del 6% del consumo total de gas, y el biometano crece rápidamente como sustituto directo del gas natural. Para 2040, el sector podría producir hasta 100 bcm de biogás, satisfaciendo aproximadamente el 80% de la demanda de combustibles gaseosos de la UE, a la vez que fortalece la seguridad energética, la desfosilización de la industria y el transporte, y la agricultura sostenible.
La cadena de valor del biogás está preparada para acelerar la transición de Europa mediante la producción de energía renovable, fertilizantes orgánicos sostenibles y la captura y reutilización de CO2 biogénico, reforzando la resiliencia industrial y reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles con recursos producidos en Europa.
“El futuro energético de Europa debe construirse sobre nuestras propias soluciones renovables. Los biogases son escalables y están listos hoy para reforzar nuestra seguridad, apoyar a nuestras industrias y agricultores, e impulsar la transición de la UE hacia una economía competitiva y baja en carbono. Ahora necesitamos un marco político que esté a la altura de ese potencial”, afirmó Harmen Dekker, director ejecutivo de la Asociación Europea de Biogás.




